Como
parte de la rutina normal de nuestra sociedad, casi todo los días aparece
alguna publicación en los medios, denunciando algún acto de corrupción de funcionarios
del sector público o privado. Estos llegan hoy en día a conocimiento de
millones de ciudadanos con una asombrosa rapidez y versatilidad gracias a las
diversas tecnologías de información y comunicaciones (TIC's) de las que el
mundo goza actualmente.
¿Cuál
es la respuesta o la actitud del Pueblo ante este tipo de hechos? Hemos podido
observar por lo menos tres tipos de reacción en los comentarios abiertos que se
leen en las redes sociales. Un grupo responde: "que tire la primera piedra
aquél que nunca ha pecado o desviado fondos públicos en provecho propio y
contra el erario nacional". La lectura que tenemos sobre este tipo de
comentarios al estilo Pilatos es que aún sabiendo que la corrupción es una
enfermedad letal muy enquistada en nuestra sociedad que ataca sus bases morales,
no se puede hacer casi nada y se puede seguir viviendo en forma deshonesta,
cargando las consecuencias de esta lacra social que afecta a los más
"tontos", es decir, a las grandes mayorías menos favorecidas. El
segundo grupo señala básicamente que es la justicia quien debería colocar a los
corruptos en la cárcel y que el Pueblo no debería hacer comentarios con nombre
propio para no herir la honra de las instituciones a las que pertenecen esos
malos elementos, pero vaya contradicción! la autoridad de justicia no funciona
en nuestro país, también está corroída por los tentáculos de la corrupción. El
tercer grupo condena abiertamente todo tipo de actos de corrupción de forma
inflexible, pensando que de esta manera se puede acabar con ese mal, pero de
alguna manera dejan translucir sus verdaderas intenciones y apetito de poder,
quien sabe para luego de conquistarlo, harán más de lo mismo. El resultado de estos comentarios y
discusiones terminan enemistando y separando más a las personas que hacen uso
de su derecho de opinión, en consecuencia dividen y debilitan la Unidad del
Pueblo, porque es muy fácil levantar o sembrar sospechas de corrupción sobre
cualquier persona a quien se desee atacar o dejarla de lado en la carrera
política. Este juego de la opinión pública le favorece a la clase dominante.
¿Qué
es lo que podemos rescatar de los ácidos comentarios sobre la corrupción que
hace el Pueblo en los medios y redes sociales? La primera novedad es que
gracias a las modernas TIC's, ahora el Pueblo esta mejor informado, es más
difícil de ser engañado por los políticos tradicionales y se puede emitir opiniones
abiertamente. Este tipo de discusiones ayudan a crear una consciencia colectiva,
que siendo bien canalizada y orientada podría ser el inicio de una nueva corriente
que eduque cívica y políticamente a toda
la sociedad con una visión comunitaria, a fin de que TODO el Pueblo PARTICIPE
en política y en los actos públicos de
su comunidad como una condición indelegable e impostergable para iniciar el
verdadero desarrollo hacia una sociedad justa, solidaria y equitativa. La gran
oportunidad que nos ofrece en estos tiempos el desarrollo tecnológico del mundo,
debería ser bien aprovechada para construir una nueva consciencia colectiva del
Pueblo adornada con valores sociales comunes que le aseguren una elevada calidad
de vida. El Pueblo debería tener muy en cuenta que los personajes políticos,
administradores de los bienes públicos son procedentes de nuestro propio Pueblo,
y que si ellos se corrompen o son corrompidos en sus funciones, en gran parte
es debido a los débiles valores y pobres señales morales que la sociedad le
supo trasmitir en su formación personal o profesional. Por lo tanto, no
podremos evolucionar como sociedad si no hacemos una profunda reflexión y reingeniería
sobre el tipo de pilares morales donde se apoya el Pueblo en su conjunto y que
esta esfuerzo sea una iniciativa y preocupación nacida desde las entrañas de
los propios ciudadanos comunes que soportan las consecuencias de la corrupción.
Por
otro lado sabemos muy bien que es muy difícil que las personas coincidan en sus
perspectivas y opiniones. Cada uno tiene sus propias visiones, opiniones e INTERESES
individuales que en apariencia van a facilitarle alcanzar un mejor status o nivel
de vida. Todo aquello que se oponga a sus intereses personales, lógicamente va a
generar una respuesta de conflicto y enfrentamiento. Lo que no nos damos cuenta
es que la sociedad es la sumatoria de
individuos que conviven en un ambiente sumamente interdependiente y que el desarrollo
o bienestar de una o pocas personas se diluyen en el medio en que viven como
unas gotas de agua dulce en el mar salado cuyas características definen el tipo
de sociedad que los acoge. En otras palabras de poco sirve crear riqueza moral
y económica en pequeños grupos si la sociedad a la que pertenece tiene prácticas públicas deshonestas e
inmorales, todo será contaminado y empodrecido en poco tiempo. Tenemos que
cambiar las prioridades de nuestros intereses, primero están los intereses de
la sociedad y luego de ellas se derivan los intereses personales, eso se llama
visión comunitaria, respeto irrestricto por el sagrado Bien Común.
En
consecuencia es muy fácil darse cuenta que el gran desafío de nuestra sociedad
está en sembrar, cultivar e implantar grandes valores éticos, cívicos y morales
a través de una educación cívica moral y política, que garanticen un
comportamiento público adecuado de los líderes y ciudadanos y una vida digna y
armoniosa para todos los individuos del Pueblo. Esto solo se va a conseguir si
todos hacemos el esfuerzo de educar mejor a nuestros hijos, nietos y
conciudadanos en las practicas cívico-políticas públicas de nuestra sociedad.
Finalmente, tenemos que extirpar la idea generalizada de que la política es lo
más vergonzante, vil y ruin que existe en la sociedad, en la cual no deberían
involucrarse los ciudadanos honestos, omisos e indiferentes y que ella es solo
para los políticos tradicionales corruptos y mentirosos. Al contrario de ello,
consideramos que la buena política es sumamente digna, necesaria e importante
para orientar y dirigir el esfuerzo común de una sociedad saludable y
promisoria en la consecución y satisfacción de los grandes intereses,
necesidades y aspiraciones comunes del Pueblo.