Una preocupación permanente histórica y cotidiana toma
nuestras energías y tiempo. Se trata del bienestar de cada persona, quienes individualmente
batallan por conseguirlo, sin importar lo que sucede en su entorno. Paralelamente
también existe la preocupación colectiva de los grupos e instituciones de toda
índole por lo que sucede en la sociedad como un todo.
Nos preguntamos, ¿Con qué herramientas cuenta el
ciudadano para dar respuesta a sus inquietudes y preocupaciones?, es decir ¿Qué
tipo de cultura cívica, política, valores y costumbres disponemos para
conseguir el bienestar general? En los
acontecimientos del diario vivir podemos comprobar fácilmente el comportamiento
de las personas en la calle, en las colas de los bancos, en la basura
encontrada a cada paso, en el propio orden y limpieza de la ciudad, en el
tránsito urbano, en la idiosincrasia egoísta, irrespetuosa e irreverente por
los derechos de los demás.
En las diarias
discusiones en la que se envuelve la sociedad, observamos que es mucho más
fácil preocuparse con las actitudes y errores que cometen los demás, los
políticos. Culpamos a algún agente del gobierno por la situación en que vivimos
y esto se arrastra a lo largo de la historia, siempre habrá alguien responsable
por nuestros males. Es muy difícil ver que alguien se sienta responsable por lo
que es en este momento la sociedad, es decir no nos preocupamos por nuestras
propias actitudes frente a la comunidad en que vivimos.
La consecuencia de esta actitud indolente, egoísta y
poco solidaria, nos lleva a conformarnos con la realidad actual, pensando que
así es y así continuará siendo, trasladando la posibilidad de cambio solamente
a un nuevo Presidente, Alcalde o gobierno y que llegado ese nuevo gobierno, las
cosas seguirán igual o peor que antes, luego no hay como salir de las eternas
quejas o críticas a los demás, a los gobiernos, quienes llevan todas las culpas
históricas por lo que ahora somos como país. Es decir, solo los gobiernos son
los responsables por la realidad nacional en que vivimos.
Ante esta situación endémica e insoportable de la
sociedad actual sin visos de una verdadera solución, existen dos caminos a
seguir. La respuesta actual que venimos dando a nuestras preocupaciones
colectivas, donde el destino de la sociedad lo dejamos en manos de los gobernantes, a
quienes los elegimos, los dejamos trabajar solos y luego iremos a criticar y responsabilizar por los actos de corrupción
e ineficiencias en los que se envuelven. En el transcurso de nuestra historia
Republicana ya se han realizado innumerables tentativas y experiencias de
cambios en la sociedad con este modelo, con resultados insatisfactorios, donde
todo indica que así continuará irremediablemente este ciclo pernicioso por los
tiempos de los tiempos, amén.
El otro camino, más difícil, más eficaz y a mediano
plazo involucra a toda la población del país. Se inicia con el reconocimiento y
toma de consciencia de nuestra responsabilidad frente a la sociedad. Del tipo de
actitud personal de cada uno de los habitantes depende el bienestar, desarrollo
y seguridad de la sociedad. Ese cambio de actitud frente a los asuntos
públicos, se inicia en el hogar, en el barrio, la escuela, la universidad y los
centros de trabajo. Se requiere de una gran voluntad e iniciativa de toda la
población en la búsqueda de mayor información y educación cívica política para conseguir que el ciudadano participe conscientemente y con conocimiento de
causa en todos los actos públicos relacionados al funcionamiento de su
comunidad.
Tenemos la
convicción de que la participación del ciudadano en la conducción política de
la sociedad o comunidad, fortalecerá el diálogo, la cooperación Pueblo-Gobierno
y la actitud positiva de los gobernantes, disminuyendo ostensiblemente la
posibilidad de envolverse en actos de corrupción. El gobernante hará lo que el
Pueblo le permita hacer.
Finalmente vale la pena citar el mensaje del maestro
hindú Prem Rawat que “La verdadera paz y
desarrollo de un pueblo se inicia en el íntimo de cada uno de sus integrantes, con una
paz y actitud positiva individual”. Es a ese nivel que todos debemos
trabajar en la búsqueda de los cambios deseados para nuestra sociedad. El
cambio de actitud personal e individual deberá darse en función del bienestar
colectivo, como consecuencia de ello, el individuo alcanzará la ansiada satisfacción y
bienestar personal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario