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lunes, 30 de septiembre de 2013

VISIONES DIFERENTES DE LA CORRUPCIÓN

      Como parte de la rutina normal de nuestra sociedad, casi todo los días aparece alguna publicación en los medios, denunciando algún acto de corrupción de funcionarios del sector público o privado. Estos llegan hoy en día a conocimiento de millones de ciudadanos con una asombrosa rapidez y versatilidad gracias a las diversas tecnologías de información y comunicaciones (TIC's) de las que el mundo goza actualmente.

      ¿Cuál es la respuesta o la actitud del Pueblo ante este tipo de hechos? Hemos podido observar por lo menos tres tipos de reacción en los comentarios abiertos que se leen en las redes sociales. Un grupo responde: "que tire la primera piedra aquél que nunca ha pecado o desviado fondos públicos en provecho propio y contra el erario nacional". La lectura que tenemos sobre este tipo de comentarios al estilo Pilatos es que aún sabiendo que la corrupción es una enfermedad letal muy enquistada en nuestra sociedad que ataca sus bases morales, no se puede hacer casi nada y se puede seguir viviendo en forma deshonesta, cargando las consecuencias de esta lacra social que afecta a los más "tontos", es decir, a las grandes mayorías menos favorecidas. El segundo grupo señala básicamente que es la justicia quien debería colocar a los corruptos en la cárcel y que el Pueblo no debería hacer comentarios con nombre propio para no herir la honra de las instituciones a las que pertenecen esos malos elementos, pero vaya contradicción! la autoridad de justicia no funciona en nuestro país, también está corroída por los tentáculos de la corrupción. El tercer grupo condena abiertamente todo tipo de actos de corrupción de forma inflexible, pensando que de esta manera se puede acabar con ese mal, pero de alguna manera dejan translucir sus verdaderas intenciones y apetito de poder, quien sabe para luego de conquistarlo, harán más de lo mismo.  El resultado de estos comentarios y discusiones terminan enemistando y separando más a las personas que hacen uso de su derecho de opinión, en consecuencia dividen y debilitan la Unidad del Pueblo, porque es muy fácil levantar o sembrar sospechas de corrupción sobre cualquier persona a quien se desee atacar o dejarla de lado en la carrera política. Este juego de la opinión pública le favorece a la clase dominante.

      ¿Qué es lo que podemos rescatar de los ácidos comentarios sobre la corrupción que hace el Pueblo en los medios y redes sociales? La primera novedad es que gracias a las modernas TIC's, ahora el Pueblo esta mejor informado, es más difícil de ser engañado por los políticos tradicionales y se puede emitir opiniones abiertamente. Este tipo de discusiones ayudan a crear una consciencia colectiva, que siendo bien canalizada y orientada podría ser el inicio de una nueva corriente que  eduque cívica y políticamente a toda la sociedad con una visión comunitaria, a fin de que TODO el Pueblo PARTICIPE en  política y en los actos públicos de su comunidad como una condición indelegable e impostergable para iniciar el verdadero desarrollo hacia una sociedad justa, solidaria y equitativa. La gran oportunidad que nos ofrece en estos tiempos el desarrollo tecnológico del mundo, debería ser bien aprovechada para construir una nueva consciencia colectiva del Pueblo adornada con valores sociales comunes que le aseguren una elevada calidad de vida. El Pueblo debería tener muy en cuenta que los personajes políticos, administradores de los bienes públicos son procedentes de nuestro propio Pueblo, y que si ellos se corrompen o son corrompidos en sus funciones, en gran parte es debido a los débiles valores y pobres señales morales que la sociedad le supo trasmitir en su formación personal o profesional. Por lo tanto, no podremos evolucionar como sociedad si no hacemos una profunda reflexión y reingeniería sobre el tipo de pilares morales donde se apoya el Pueblo en su conjunto y que esta esfuerzo sea una iniciativa y preocupación nacida desde las entrañas de los propios ciudadanos comunes que soportan las consecuencias de la corrupción.

      Por otro lado sabemos muy bien que es muy difícil que las personas coincidan en sus perspectivas y opiniones. Cada uno tiene sus propias visiones, opiniones e INTERESES individuales que en apariencia van a facilitarle alcanzar un mejor status o nivel de vida. Todo aquello que se oponga a sus intereses personales, lógicamente va a generar una respuesta de conflicto y enfrentamiento. Lo que no nos damos cuenta es  que la sociedad es la sumatoria de individuos que conviven en un ambiente sumamente interdependiente y que el desarrollo o bienestar de una o pocas personas se diluyen en el medio en que viven como unas gotas de agua dulce en el mar salado cuyas características definen el tipo de sociedad que los acoge. En otras palabras de poco sirve crear riqueza moral y económica en pequeños grupos si la sociedad a la que pertenece  tiene prácticas públicas deshonestas e inmorales, todo será contaminado y empodrecido en poco tiempo. Tenemos que cambiar las prioridades de nuestros intereses, primero están los intereses de la sociedad y luego de ellas se derivan los intereses personales, eso se llama visión comunitaria, respeto irrestricto por el sagrado Bien Común.

      En consecuencia es muy fácil darse cuenta que el gran desafío de nuestra sociedad está en sembrar, cultivar e implantar grandes valores éticos, cívicos y morales a través de una educación cívica moral y política, que garanticen un comportamiento público adecuado de los líderes y ciudadanos y una vida digna y armoniosa para todos los individuos del Pueblo. Esto solo se va a conseguir si todos hacemos el esfuerzo de educar mejor a nuestros hijos, nietos y conciudadanos en las practicas cívico-políticas públicas de nuestra sociedad. 

      Finalmente, tenemos que extirpar la idea generalizada de que la política es lo más vergonzante, vil y ruin que existe en la sociedad, en la cual no deberían involucrarse los ciudadanos honestos, omisos e indiferentes y que ella es solo para los políticos tradicionales corruptos y mentirosos. Al contrario de ello, consideramos que la buena política es sumamente digna, necesaria e importante para orientar y dirigir el esfuerzo común de una sociedad saludable y promisoria en la consecución y satisfacción de los grandes intereses, necesidades y aspiraciones comunes del Pueblo.


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