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domingo, 16 de junio de 2019

NUEVOS DESAFIOS EN LA DIFUSION DE OPINIONES

          En los últimos años se ha masificado el uso de la internet y los smart phones, han aparecido una inmensidad de canales de difusión de  ideas, opiniones y corrientes de pensamiento, en todas las áreas de la actividad humana. Este fenómeno un tanto imprevisible ha desplazado a un segundo plano la influencia privilegiada que tenían las corporaciones de los grandes medios de comunicación en la formación de conceptos y opiniones socio económicas, políticas y culturales de la sociedad en general.

          Esta nueva situación ha permitido desvendar con esfuerzo e imaginación del propio Pueblo organizado, grandes esquemas o mecanismos de corrupción generalizada, donde gobernantes, grandes empresarios y agentes públicos del legislativo y judiciario, so  pretexto de reivindicar los derechos básicos de salud, educación, trabajo y bienestar para el Pueblo se han  apropiado o dilapidado ingentes cantidades de dinero público para enriquecer a una élite dominante que insiste en perpetuar su dominio  por muchas décadas más, dejando al Pueblo con las mismas carencias que tenían antes de asumir el poder.

          En las circunstancias actuales de crisis endémica  que vive gran parte de las poblaciones de América Latina van emergiendo nuevamente conceptos un tanto retrógrados para una sociedad moderna del siglo XXI, es el caso de la Guerra Cultural, otra forma de lucha para alcanzar el poder, idealizado por Antonio Gransci.  Es así cómo podemos observar en el escenario políticos de nuestros países la lucha constante entre  Izquierda y Derecha, entre  Capitalismo y Socialismo, cada lado con sus propios métodos. Cabe a cada uno de los ciudadanos de bien, estudiar, analizar e informarse adecuadamente sobre estos temas para no ser engañados o manipulados por quienes decidieron ser parte o servirse de la política dentro de la sociedad.

          Los temas más importantes que están en discusión dentro de esta guerra cultural son las ideología de género, el porte de armas por los ciudadanos, educación permisiva, igualdad de beneficios pensionarios, régimen carcelario permisivo, respeto o tolerancia a los usos y costumbres socio culturales de los Pueblos, neutralidad del Sistema Judicial, manipulación de la difusión de las  informaciones y varios otros. 

          Dentro de esta situación confusa de vale todo, aparece una tormenta tecnológica que ya está afectando  la  veracidad de las ideas y opiniones al momento de su producción y difusión. Aparecieron las fake news o noticias falsas y lo peor, aprovechando de la inteligencia artificial se pueden hacer Deepfakes, distorsionadores de videos  y audio. Esta nueva amenaza manejada por hackers encomendados  los encontramos en las redes sociales,  estos utilizan  Inteligencia Artificial y softwares y son capaces de redactar textos de forma autónoma, no son distinguidos de aquellos escritos por personas. Estos Deepfakes pueden causar graves problemas a la sociedad, al colocar en tela de juicio la veracidad de un texto, imagen o voz en cualquier medio de difusión masiva, destruyendo prestigio e imagen en pocos segundos de cualquier persona que se interponga  a los intereses de la causa que persiguen.

          A pesar de los esfuerzos que realizan los responsables de los aplicativos en redes sociales para frenar o disuadir este tipo de amenazas cibernéticas, todos los días aparecen nuevos y diversos fake news que consiguen confundir, intimidar o captar  audiencia en favor de los intereses vedados que persiguen fuerzas ocultas para conseguir el apoyo popular de las masas. Por tanto cabe a la sociedad en general y en especial a los administradores de justicia acompañar de cerca la evolución de la forma cómo se difunden las ideas y opiniones a fin de buscar siempre la verdad sobre todas las cosas.



         

sábado, 20 de mayo de 2017

ENTENDIENDO LA CORRUPCIÓN

    La actual situación política, socio-económica y judicial que estamos viviendo los países de América Latina en los últimos años nos obliga a parar reiteradamente nuestras actividades normales de ciudadanos comunes, tratando de reflexionar, expresar nuestro repudio y encontrar algún tipo de explicación al porque suceden estos saqueos reiterados y sistemáticos a la hacienda pública.

    Al escuchar, leer o ver las noticias a diario se presentan diversos casos de corrupción en todos los estamentos de la administración pública de nuestros países, dejándonos boquiabiertos por la audacia e imaginación para buscar los más osados métodos para desfalcar las arcas públicas. Realmente es difícil imaginar como esos actores delincuentes elegidos por el propio Pueblo, tienen sangre fría para mostrar sus rostros públicamente, mintiendo con cinismo a la sociedad sus bajas y perversas intenciones de aprovecharse del cargo público que le confía el Pueblo para enriquecerse ilícitamente con astronómicas cantidades de dinero sucio.

    La cantidad de esquemas de corrupción y personas involucradas hacen suponer fácilmente que el tiempo quedará corto y el personal de magistrados y fiscales serán insuficientes para investigar y condenar semejantes atrocidades que se descubren día a día. Las cárceles también quedarían deficitarias para albergar a tanta gente criminosa de cuello y corbata. O tal vez todas estas artimañas criminales queden cubiertas por la impunidad de nuestra indiferencia, la prescripción de los delitos y la ineptitud de una Justicia subordinada a los intereses del político.

    Algunos ciudadanos se conforman y atinan a decir que la corrupción existe desde la colonia y la emancipación, y que poco o nada va a cambiar en estos tiempos. Otros pocos salen a protestar a las calles, tentando de culpar a los políticos de un partido u otro. Otro grupo de ciudadanos manifiestan que si tomara el poder tal o cual partido o líder las cosas cambiarían. Resulta que en estas épocas los partidos políticos perdieron sus ideologías, no luchan más por las promesas o el ideario que dicen defender o promover, todos ellos aprendieron a “negociar” el Bien Común y los cargos de las Instituciones del Estado. Una gran mayoría de políticos junto a grandes empresarios confabulan para ver de qué manera sacan más provecho para sí propios, olvidando las promesas de sus campañas electorales y la confianza depositada por el Pueblo para hacer una buena gestión pública y solucionar los problemas básicos y elementales de sobre vivencia de la población más necesitada.

    Durante más de medio siglo que asistimos a este circo político ya hemos visto desfilar a diversos personajes de todas las tiendas políticas y percibimos que como sociedad poco hemos progresado moralmente, cada vez los valores cívicos están por los suelos. Los que sufren las consecuencias somos los ciudadanos de a pie y somos los que sustentamos la máquina pública, trabajamos y pagamos impuestos en cada artículo que consumimos y tenemos que soportar los desmanes y desfalcos de nuestros gobernantes y representantes junto a sus círculos íntimos de confianza y ni que hablar de la inseguridad ciudadana que se vive en las ciudades por el aumento geométrico de la delincuencia común.

    Como es natural y con mucha preocupación por los destinos de nuestras sociedades, es una obligación cívica hacer una lectura desapasionada de esta caótica realidad, las ex colonias europeas no pueden seguir así de cara a un mundo civilizado y globalizado, ya estamos cerca de los bicentenarios de nuestras independencias y aún somos repúblicas novatas e incautas, dónde están las reservas morales de los países. ¿Ustedes creen que esta crisis moral y política la van a resolver sólo los políticos, dentro de una democracia como las nuestras?, Personalmente lo dudo, sería como que un enfermo se cure por sí solo, sería un milagro. Y aquí viene la reflexión, entonces ¿Qué hacer?, Los ciudadanos debemos cambiar de actitud, pasar de ser pasivos observadores a ser ciudadanos activos, vigilantes de todo lo que hacen nuestros gobernantes, intercambiar  ideas aprovechando las redes sociales, proponer acciones o posturas que mejoren la actitud de todas las personas frente a los intereses públicos de la sociedad. No ganamos nada tomando partido por uno u otro líder político, muchas veces leo opiniones de ciudadanos en el que se insultan mutuamente defendiendo a uno u otro actor público, eso no lleva a nada. Creo que debemos unirnos, intercambiar pareceres con respeto y exigir que el gobierno sea cual sea cumpla con eficacia el mandato del Pueblo.

    Debemos exigir que la justicia actúe con celeridad e imparcialidad, los corruptos deben ser condenados por la Justicia y declarados no elegibles para ocupar cargos públicos de por vida. Debe quedar bien claro en la consciencia de todos los ciudadanos de la república que beneficiarse con 1 moneda o con millones de monedas del erario público, es una afrenta a toda la sociedad en su conjunto y en todos los casos le están robando miserablemente a todos los miembros de toda una Nación entera el derecho natural a su desarrollo como Ser Humano y merece ejemplar castigo. No podemos continuar siendo tolerantes, debemos exigir que cambie de una vez por todas, la vergonzosa realidad en la que vivimos.

    Simultáneamente, en nuestra esfera personal, familiar y de trabajo, los Jatun Runa (Grandes Ciudadanos en el Incanato), debemos preocuparnos en educar, conversar y difundir valores cívicos que modelen a los ciudadanos del futuro que ocuparán cargos públicos, para que nuestra sociedad pueda retomar el camino del desarrollo pleno con justicia social, recordar que la integridad moral y ética de las personas es la esencia indispensable para la convivencia pacífica y desarrollo de los Pueblos. Sobretodo debemos dar el ejemplo con la honestidad e integridad de todos nuestros actos, por más pequeños que parezcan, desde respetar las colas, no plagiar en las pruebas de la escuela, ser solidarios con las carencias de nuestros compatriotas, no aprovecharse de servicios de luz, internet de otros,  etc. etc.



martes, 19 de julio de 2016

DESESPERANZA POLÍTICA



      La gran mayoría de la sociedad está  llegando al punto extremo en que no confía más en la clase política, porque reiteradamente estos, sean del partido o la ideología que fueran, o las promesas que ofrecieron realizar en sus campañas o mandatos, no los cumplen, actúan de espaldas al Pueblo Soberano.  Del análisis general que cualquier ciudadano puede hacer sobre los resultados de los gobiernos durante sus mandatos, se puede señalar fácilmente que el denominador común son los excesivos casos de corrupción en el que se involucran los funcionarios públicos en todos los niveles de la administración pública, muchos de estos quedan impunes o toma mucho tiempo el proceso legal de condena.

      Los aspectos en los que la clase política no consigue resultados concretos están esencialmente en las áreas de  salud, educación, seguridad ciudadana e infraestructura. Existen innúmeros casos de deficiencias y carencias en los servicios básicos y esenciales para la sociedad, que son diariamente propalados por los medios de expresión.

     Como bien sabemos, el accionar de un gobierno en todos los campos de la administración pública se traduce a saber priorizar, distribuir y usar los recursos económicos recaudados de los impuestos que paga la sociedad, es decir tomar las decisiones más acertadas para una buena inversión pública. Sin embargo, todos los bienes y servicios que se factura para el Estado cuesta mucho más de lo que paga la actividad privada, ese margen superior aumenta asombrosamente la necesidad de cada vez mayores presupuestos. Es decir existe una súper facturación, que permite pagar las coimas y propinas de donde salen los fondos para enriquecer a los funcionarios públicos y los prestadores de servicios que pertenecen a la  misma sociedad.

      La clase política ha aprendido a perpetuarse en el poder, a reelegirse sucesivamente engañando al Pueblo de que va a resolver los eternos problemas de los más necesitados y para eso piden apoyo financiero para sus campañas políticas a las grandes empresas constructoras de preferencia, con las que hacen pactos de devolución de favores y así se dan inicio al ciclo de corrupción vía sobre facturación de los proyectos de obras públicas y gastos corrientes, al final todos esos fondos salen del bolsillo de los contribuyentes. 

     Estos mismos políticos han llegado a comprender que para seguir devorando indefinidamente  los cuantiosos  desfalcos al Estado, ellos deben de seguir acumulando ingentes  cantidades  de dinero sucio en algún lugar del planeta, saben bien que el dinero compra todo, consciencias de los intelectuales y artistas, los medios de comunicación, el poder judicial, el legislativo, manifestantes etc. etc. Dentro de esa nueva élite de “líderes” hacen sus propios arreglos para continuar con ese nuevo sistema de explotación  a la clase media y a los más pobres que necesitan de una buena fuente de trabajo, seguridad, salud, educación y una infraestructura digna de seres humanos.

     Esta situación ya se tornó endémica, los sucesivos cambios de gobiernos democráticamente elegidos en los últimos 50 años  no resolvieron gran cosa. La Población ya no cree más en los políticos, el ciudadano va a votar  desesperanzado porque el sistema “democrático” así lo exige, es decir el actual sistema político basado en la democracia como la estamos practicando ya está corrompida, fallida y obsoleta. No conseguimos vislumbrar la aparición de un rayo de luz al final del túnel para alcanzar un real cambio  de este sistema político “democrático” corrupto.

      Consecuentemente, el ciudadano normal y corriente, el Pueblo Soberano, al ver a diario en la televisión semejantes casos de corrupción endémica y violencia urbana se siente perplejo, con temor y solo atina a preguntarse, ¿Cómo acabar con esto,  qué podemos hacer? Estas son las preguntas naturales que toda la ciudadanía debería hacerse y los políticos, intelectuales y estudiosos también. Este es el gran desafío que tenemos todos los ciudadanos, si deseamos supervivir  por lo menos como una sociedad libre, soberana y pacífica, medianamente civilizada y desarrollada.

      Ante esta situación, los ciudadanos que se preocupan por estos temas vitales para la sociedad, en las conversaciones que sostienen en diversos grupos sociales indagan por algunas aproximaciones que respondan a esas  preguntas preocupantes. Las medidas que se discuten son difíciles de ser aplicada en paz y en un ambiente democrático, porque supone el cambio radical de la Constitución vigente y de la legislación que permita la corrección del sistema político actual. Sería impensable esperar que los actuales congresistas legislen en contra de ellos mismos, es decir limitando sus sueldos, regalías y el poder que tienen para librarse de la justicia. Tal vez sea necesario  experimentar  nuevamente un gobierno absolutista y autoritario, que entienda a cabalidad el problema actual, sin embargo este tipo de gobiernos causa tanto miedo en la clase política y en los que se lucran con los fondos del Estado, que sería poco probable se instale nuevamente.

      El otro camino a donde llegan las conclusiones de estas conversaciones, es a largo plazo. Se trata de educar a la juventud y niñez en los temas de ciudadanía responsable, política ciudadana, valores de la verdadera democracia, respeto fundamental por la cosa  pública y sus fondos, respeto por la propiedad ajena, Amor a la Patria,  Unidad Nacional, Proyecto Nacional y otros temas cívicos. Son las nuevas generaciones, que tal vez con el tiempo puedan tener mayor consciencia de los graves daños que causa la corrupción en nuestra sociedad. De cualquier forma es importante incentivar la discusión, intercambio de ideas sobre estos temas políticos que son de mucho interés para todos los habitantes de un país que desea vivir en sociedad con una mejor calidad de vida digno de países desarrollados. Así mismo los ciudadanos NO debemos omitirnos a participar  en política, debemos estar actualizados, opinar y hacer llegar nuestras inquietudes a nuestros representantes y gobernadores elegidos.


sábado, 14 de mayo de 2016

INTERÉS PERSONAL vs INTERÉS PÚBLICO



      Retomando nuestras indagaciones de ciudadanos comunes y corrientes sobre la buena política después de un buen tiempo. Hoy nos preguntamos cuál es el límite entre el interés personal y el interés público en el quehacer cotidiano de una comunidad. Bien sabemos que en política quienes dirigen los destinos de una sociedad, poquísimos ciudadanos se involucran en política por puro placer o civismo, existiendo de por medio intereses personales a futuro de todo calibre muy bien guardados en lo más íntimo de su ser. 

      Pues bien, aquellas motivaciones más íntimas de las personas que deciden entrar en política activa es el motor que va a impulsar su dedicación y desempeño a lo largo del tiempo dedicado a “servir” a la sociedad. Hasta allí, podemos pensar que eso es normal y natural en el hombre, son sus deseos de superación y eterna insatisfacción. Las motivaciones van desde las más altruistas y sublimes de trabajar por el desarrollo auténtico del pueblo hasta obtener un poder envilecido por la acumulación de ingentes cantidades de dinero sucio proveniente de las arcas públicas, sin llegar a entender que ese dinero público proviene del pago de impuestos  al fisco por los contribuyentes de la comunidad quienes trabajan arduamente para generar esa riqueza y que sirve para que el Estado ofrezca servicios públicos de calidad, una vida digna y segura a los pobladores de esa colectividad.
Muchas veces esos valores que negocian corruptos y corrompidos se revisten de diversos tipos de maquillajes, sea en forma de regalos, ofrendas, viajes, puestos de destaque, inmuebles, carros o dinero vivo entregados en una variedad ingeniosa de envolturas o esquemas.

      Un buen ejemplo de todo estos intereses en juego pueden ser constatados en el más grande esquema de corrupción que está siendo investigado actualmente en el Brasil, la operación “Lava Jato”, de la misma forma como ocurre en casi todos los países del mundo. Las personas involucradas en el esquema en primera instancia lo niegan y finalmente terminan justificándose como que esas artes son lo más normal porque todos los anteriores gobiernos así lo hicieron y no pasó nada. Hábito adquirido que corroe las estructuras morales de una sociedad y la condena al sub desarrollo eterno. Otros que teniendo la función y responsabilidad de control y supervisión de los gastos del tesoro se omiten y dicen no saber nada de nada, considerándose honestos e inmaculados.

      De nada o poco sirven buenos proyectos, programas sociales u obras públicas si de por medio existen esquemas de corrupción. Eso no justifica el daño moral que se le hace a la sociedad. El mal ejemplo arrastra como cadena de barco. Y cuando haya sospecha e indicios de que algo anda mal en un funcionario público, este debe ser separado del cargo inmediatamente, hasta que demuestre lo contrario en una Corte de Justicia. 

      A menudo escuchamos hablar o comentar hasta el cansancio por todos los formadores de opinión que la corrupción es una lacra de la sociedad que debe ser erradicada, investigada y punida. Se observan grandes esfuerzos en llegar a algunos resultados alentadores, pero conforme pasa el tiempo cada día aparecen muchos otros casos de corrupción en diversos niveles y estamentos del aparato estatal. Y la pregunta es, ¿Si ese esfuerzo de la Policía, Ministerio Público y Justicia serán suficientes para erradicar la corrupción?, ¿Dispondremos de suficientes fiscalizadores y prisiones para investigar y punir a toda esa legión de corruptos del país?

      Los políticos, sea cual fuera la ideología o el tipo de proyecto de gobierno que ofrezcan dicen que siempre van a trabajar por el bienestar de la sociedad, que van a reducir la pobreza y apoyar a los más pobres y que buscarán el crecimiento social y económico del país. Su bandera de lucha son los pobres, el nombre de ellos justifica cualquier tipo de desmán que haga el gobernante, sin darse cuenta que al entrar en  esquemas de corrupción, son a los más necesitados que le están quitando las reales posibilidades de salir de la pobreza y alcanzar el desarrollo pleno. 

      Sabemos también, que cuanto mayor el nivel intelectual del actor político, este tiene mayor consciencia de sus actos. Y lo que llama poderosamente la atención es que existen seguidores muy ilustrados e intelectualizados que justifican actos evidentes de corrupción de sus líderes, por el solo hecho de haber implantado programas de ayuda social o de haber reivindicado los derechos de los más necesitados o marginados históricamente. Lo que el Pueblo tiene que aprender a buscar son los motivos o intereses escondidos de esos seguidores de gobiernos corruptos.

      En todos los actos de corrupción generalmente existen dos o tres actores, el político que toma la decisión del gasto público, un intermediario o lobista y el empresario, quien es parte de la sociedad que tiene que sobre valorar sus bienes o servicios para poder repasar las coimas o propinas al funcionario público.

      Entonces, ¿Qué debe de hacer el Pueblo frente a esta situación históricamente endémica en nuestras sociedades? Esa es la gran pregunta que todos los ciudadanos nos hacemos cuando asistimos a diario al circo ridículo de la política en las diferentes organizaciones e instituciones del aparato estatal. Nos referimos aquí al Pueblo y no a los políticos, porque ellos generalmente legislarán en favor de sus más íntimos intereses.
Al tratar de responder a esa pregunta, podemos ensayar varias actitudes que el Pueblo debería incorporar en su pensamiento político. Valorizar el interés público o común sobre el interés personal, es decir el Interés Personal termina donde emerge el Interés Público. Así podremos cultivar el respeto sagrado por la propiedad, las finanzas y los asuntos públicos. Evitar al máximo la reelección de representantes por más buenos que estos sean, la renovación es saludable para la salud de los gobiernos. Mantenerse bien informado sobre lo que sucede en el gobierno local y nacional, participar decididamente en política, porque su bienestar y seguridad depende de los actos de los gobernantes y representantes que elige. Recordar que los gobernantes y representantes son servidores del Pueblo soberano, quien debe exigir la mayor eficiencia y probidad de los actos públicos de sus representantes.