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martes, 19 de julio de 2016

DESESPERANZA POLÍTICA



      La gran mayoría de la sociedad está  llegando al punto extremo en que no confía más en la clase política, porque reiteradamente estos, sean del partido o la ideología que fueran, o las promesas que ofrecieron realizar en sus campañas o mandatos, no los cumplen, actúan de espaldas al Pueblo Soberano.  Del análisis general que cualquier ciudadano puede hacer sobre los resultados de los gobiernos durante sus mandatos, se puede señalar fácilmente que el denominador común son los excesivos casos de corrupción en el que se involucran los funcionarios públicos en todos los niveles de la administración pública, muchos de estos quedan impunes o toma mucho tiempo el proceso legal de condena.

      Los aspectos en los que la clase política no consigue resultados concretos están esencialmente en las áreas de  salud, educación, seguridad ciudadana e infraestructura. Existen innúmeros casos de deficiencias y carencias en los servicios básicos y esenciales para la sociedad, que son diariamente propalados por los medios de expresión.

     Como bien sabemos, el accionar de un gobierno en todos los campos de la administración pública se traduce a saber priorizar, distribuir y usar los recursos económicos recaudados de los impuestos que paga la sociedad, es decir tomar las decisiones más acertadas para una buena inversión pública. Sin embargo, todos los bienes y servicios que se factura para el Estado cuesta mucho más de lo que paga la actividad privada, ese margen superior aumenta asombrosamente la necesidad de cada vez mayores presupuestos. Es decir existe una súper facturación, que permite pagar las coimas y propinas de donde salen los fondos para enriquecer a los funcionarios públicos y los prestadores de servicios que pertenecen a la  misma sociedad.

      La clase política ha aprendido a perpetuarse en el poder, a reelegirse sucesivamente engañando al Pueblo de que va a resolver los eternos problemas de los más necesitados y para eso piden apoyo financiero para sus campañas políticas a las grandes empresas constructoras de preferencia, con las que hacen pactos de devolución de favores y así se dan inicio al ciclo de corrupción vía sobre facturación de los proyectos de obras públicas y gastos corrientes, al final todos esos fondos salen del bolsillo de los contribuyentes. 

     Estos mismos políticos han llegado a comprender que para seguir devorando indefinidamente  los cuantiosos  desfalcos al Estado, ellos deben de seguir acumulando ingentes  cantidades  de dinero sucio en algún lugar del planeta, saben bien que el dinero compra todo, consciencias de los intelectuales y artistas, los medios de comunicación, el poder judicial, el legislativo, manifestantes etc. etc. Dentro de esa nueva élite de “líderes” hacen sus propios arreglos para continuar con ese nuevo sistema de explotación  a la clase media y a los más pobres que necesitan de una buena fuente de trabajo, seguridad, salud, educación y una infraestructura digna de seres humanos.

     Esta situación ya se tornó endémica, los sucesivos cambios de gobiernos democráticamente elegidos en los últimos 50 años  no resolvieron gran cosa. La Población ya no cree más en los políticos, el ciudadano va a votar  desesperanzado porque el sistema “democrático” así lo exige, es decir el actual sistema político basado en la democracia como la estamos practicando ya está corrompida, fallida y obsoleta. No conseguimos vislumbrar la aparición de un rayo de luz al final del túnel para alcanzar un real cambio  de este sistema político “democrático” corrupto.

      Consecuentemente, el ciudadano normal y corriente, el Pueblo Soberano, al ver a diario en la televisión semejantes casos de corrupción endémica y violencia urbana se siente perplejo, con temor y solo atina a preguntarse, ¿Cómo acabar con esto,  qué podemos hacer? Estas son las preguntas naturales que toda la ciudadanía debería hacerse y los políticos, intelectuales y estudiosos también. Este es el gran desafío que tenemos todos los ciudadanos, si deseamos supervivir  por lo menos como una sociedad libre, soberana y pacífica, medianamente civilizada y desarrollada.

      Ante esta situación, los ciudadanos que se preocupan por estos temas vitales para la sociedad, en las conversaciones que sostienen en diversos grupos sociales indagan por algunas aproximaciones que respondan a esas  preguntas preocupantes. Las medidas que se discuten son difíciles de ser aplicada en paz y en un ambiente democrático, porque supone el cambio radical de la Constitución vigente y de la legislación que permita la corrección del sistema político actual. Sería impensable esperar que los actuales congresistas legislen en contra de ellos mismos, es decir limitando sus sueldos, regalías y el poder que tienen para librarse de la justicia. Tal vez sea necesario  experimentar  nuevamente un gobierno absolutista y autoritario, que entienda a cabalidad el problema actual, sin embargo este tipo de gobiernos causa tanto miedo en la clase política y en los que se lucran con los fondos del Estado, que sería poco probable se instale nuevamente.

      El otro camino a donde llegan las conclusiones de estas conversaciones, es a largo plazo. Se trata de educar a la juventud y niñez en los temas de ciudadanía responsable, política ciudadana, valores de la verdadera democracia, respeto fundamental por la cosa  pública y sus fondos, respeto por la propiedad ajena, Amor a la Patria,  Unidad Nacional, Proyecto Nacional y otros temas cívicos. Son las nuevas generaciones, que tal vez con el tiempo puedan tener mayor consciencia de los graves daños que causa la corrupción en nuestra sociedad. De cualquier forma es importante incentivar la discusión, intercambio de ideas sobre estos temas políticos que son de mucho interés para todos los habitantes de un país que desea vivir en sociedad con una mejor calidad de vida digno de países desarrollados. Así mismo los ciudadanos NO debemos omitirnos a participar  en política, debemos estar actualizados, opinar y hacer llegar nuestras inquietudes a nuestros representantes y gobernadores elegidos.