La gran mayoría de la sociedad está llegando al punto extremo en que no confía más
en la clase política, porque reiteradamente estos, sean del partido o la
ideología que fueran, o las promesas que ofrecieron realizar en sus campañas o
mandatos, no los cumplen, actúan de espaldas al Pueblo Soberano. Del análisis general que cualquier ciudadano
puede hacer sobre los resultados de los gobiernos durante sus mandatos, se
puede señalar fácilmente que el denominador común son los excesivos casos de
corrupción en el que se involucran los funcionarios públicos en todos los
niveles de la administración pública, muchos de estos quedan impunes o toma
mucho tiempo el proceso legal de condena.
Los aspectos en los que la clase política no consigue resultados
concretos están esencialmente en las áreas de salud, educación, seguridad ciudadana e
infraestructura. Existen innúmeros casos de deficiencias y carencias en los
servicios básicos y esenciales para la sociedad, que son diariamente propalados
por los medios de expresión.
Como bien sabemos, el accionar de un gobierno en todos
los campos de la administración pública se traduce a saber priorizar, distribuir
y usar los recursos económicos recaudados de los impuestos que paga la sociedad,
es decir tomar las decisiones más acertadas para una buena inversión pública.
Sin embargo, todos los bienes y servicios que se factura para el Estado cuesta
mucho más de lo que paga la actividad privada, ese margen superior aumenta
asombrosamente la necesidad de cada vez mayores presupuestos. Es decir existe
una súper facturación, que permite pagar las coimas y propinas de donde salen
los fondos para enriquecer a los funcionarios públicos y los prestadores de
servicios que pertenecen a la misma sociedad.
La clase política ha aprendido a perpetuarse en el
poder, a reelegirse sucesivamente engañando al Pueblo de que va a resolver los
eternos problemas de los más necesitados y para eso piden apoyo financiero para
sus campañas políticas a las grandes empresas constructoras de preferencia, con
las que hacen pactos de devolución de favores y así se dan inicio al ciclo de
corrupción vía sobre facturación de los proyectos de obras públicas y gastos
corrientes, al final todos esos fondos salen del bolsillo de los contribuyentes.
Estos mismos políticos han llegado a comprender que
para seguir devorando indefinidamente los cuantiosos desfalcos al Estado, ellos deben de seguir
acumulando ingentes cantidades de dinero sucio en algún lugar del planeta,
saben bien que el dinero compra todo, consciencias de los intelectuales y
artistas, los medios de comunicación, el poder judicial, el legislativo,
manifestantes etc. etc. Dentro de esa nueva élite de “líderes” hacen sus
propios arreglos para continuar con ese nuevo sistema de explotación a la clase media y a los más pobres que necesitan de una buena
fuente de trabajo, seguridad, salud, educación y una infraestructura digna de
seres humanos.
Esta situación ya se tornó endémica, los sucesivos
cambios de gobiernos democráticamente elegidos en los últimos 50 años no resolvieron gran cosa. La Población ya no
cree más en los políticos, el ciudadano va a votar desesperanzado porque el sistema “democrático”
así lo exige, es decir el actual sistema político basado en la democracia como
la estamos practicando ya está corrompida, fallida y obsoleta. No conseguimos
vislumbrar la aparición de un rayo de luz al final del túnel para alcanzar un
real cambio de este sistema político “democrático”
corrupto.
Consecuentemente, el ciudadano normal y corriente, el
Pueblo Soberano, al ver a diario en la televisión semejantes casos de corrupción
endémica y violencia urbana se siente perplejo, con temor y solo atina a preguntarse,
¿Cómo acabar con esto, qué podemos hacer? Estas son las preguntas naturales que toda la
ciudadanía debería hacerse y los políticos, intelectuales y estudiosos también.
Este es el gran desafío que tenemos todos los ciudadanos, si deseamos
supervivir por lo menos como una
sociedad libre, soberana y pacífica, medianamente civilizada y desarrollada.
Ante esta situación, los ciudadanos que se preocupan
por estos temas vitales para la sociedad, en las conversaciones que sostienen
en diversos grupos sociales indagan por algunas aproximaciones que respondan a
esas preguntas preocupantes. Las medidas
que se discuten son difíciles de ser aplicada en paz y en un ambiente
democrático, porque supone el cambio radical de la Constitución vigente y de la
legislación que permita la corrección del sistema político actual. Sería
impensable esperar que los actuales congresistas legislen en contra de ellos
mismos, es decir limitando sus sueldos, regalías y el poder que tienen para
librarse de la justicia. Tal vez sea necesario experimentar nuevamente un gobierno absolutista y autoritario,
que entienda a cabalidad el problema actual, sin embargo este tipo de gobiernos
causa tanto miedo en la clase política y en los que se lucran con los fondos del
Estado, que sería poco probable se instale nuevamente.
El otro camino a donde llegan las conclusiones de
estas conversaciones, es a largo plazo. Se trata de educar a la juventud y
niñez en los temas de ciudadanía responsable, política ciudadana, valores de la
verdadera democracia, respeto fundamental por la cosa pública y sus fondos, respeto por la propiedad
ajena, Amor a la Patria, Unidad Nacional,
Proyecto Nacional y otros temas cívicos. Son las nuevas generaciones, que tal vez
con el tiempo puedan tener mayor consciencia de los graves daños que causa la
corrupción en nuestra sociedad. De cualquier forma es importante incentivar la
discusión, intercambio de ideas sobre estos temas políticos que son de mucho
interés para todos los habitantes de un país que desea vivir en sociedad con
una mejor calidad de vida digno de países desarrollados. Así mismo los ciudadanos
NO debemos omitirnos a participar en
política, debemos estar actualizados, opinar y hacer llegar nuestras
inquietudes a nuestros representantes y gobernadores elegidos.