La
gran mayoría somos testigos presenciales que en nuestras charlas entre amigos y
familiares, existen muchas personas que
manifiestan abiertamente no querer
hablar de política, no quieren involucrarse en ella, y señalan que para
mantener una buena amistad y buenas
relaciones entre personas allegadas, es mejor
no hablar de política, de religión ni de
fútbol y que ellas bien pueden prescindir de la política y sólo así pueden cuidar
bien de sus asuntos e intereses personales. Como todo lo que se escucha y
practica repetidamente, esta postura del Pueblo frente a la política ya se
formó un hábito y hace parte de nuestra cultura.
¡Estamos todos engañados!, ¿Quién gana cuando
El Pueblo se abstiene de participar en política?. No existe nadie en una
sociedad que no sufra las consecuencias de las decisiones adoptadas por los gobiernos,
porque los asuntos sobre los que decide el gobierno, son de estricto interés
del Pueblo y esto es política. Mantenerse ajeno a la política es una forma de
otorgar apoyo anticipado e incondicional a las decisiones del gobierno de turno,
que en último de los casos esta abstención es una posición política a favor del
gobierno actual por omisión. Así podemos ver prácticamente el engaño en el que
vivimos muchos ciudadanos inconscientes al creer que pueden mantenerse fuera de
la política, sin mantener ninguna relación con ella. Queriendo o no queriendo,
el hombre, el ciudadano y por extensión el Pueblo es una realidad política, que
necesariamente tiene y debe participar en política.
Los políticos profesionales saben
perfectamente que mantener al Pueblo lo más alejado posible de las decisiones
más importantes de una sociedad, es una ventaja táctica, que les facilita su trabajo en provecho de sus intereses
personales, desestimulando la
participación del Pueblo a través de la propaganda donde difunden la idea de que
el Pueblo no puede ni quiere perder tiempo con los problemas políticos de su
comunidad, y que para eso están sus representantes electos. Estas tácticas
políticas se observan en los grupos
políticos totalitarios, que engañosamente quieren decidir solos sin la
interferencia y la fiscalización del Pueblo. Estos grupos políticos saben perfectamente que
existen formas y medios que posibilitan la participación efectiva del Pueblo en
la toma de decisiones y saben que si el Pueblo es bien informado y educado es
capaz de escoger sabiamente el camino que lo lleve a su destino, también podrá
hacer una clara distinción entre partidos y candidatos.
El otro tipo de anti politicismo es
el doctrinario, referido a la
difusión y propaganda para convencer al Pueblo sobre su abstención en política por
razones puramente teóricas, sostienen que es inconveniente que el Pueblo
participe de las decisiones políticas, que ellas deben ser adoptadas por
pequeños grupos de personas esclarecidas, porque creen que de esta forma el
Pueblo será más favorecido y que se decidirá prioritariamente en provecho del Pueblo. Esta
es una práctica política propia de los grupos
autoritarios que no acreditan en los procesos democráticos.
También existen los que propician la
no participación del Pueblo en política,
refiriéndose más a la actividad
partidaria, electoral y movimientos de lucha popular pacíficos. Estos piensan
que los intereses del Pueblo están como siempre en primer lugar y que la única
forma que el gobierno puede escuchar o atender sus reclamos, es por la vía
violenta, solo así el Pueblo podrá conseguir los cambios que está buscando.
Esta forma de accionar son propios de los grupos
anarquistas, que procuran promover el desinterés por la participación
política normal, ordenada y pacífica.
A partir de los años 70-80 del siglo
pasado, comenzaron a especializarse o tecnificarse los políticos, a quienes hoy
llamamos de tecnócratas, estos creen
que la administración de una sociedad es muy compleja para que las decisiones
importantes sean tomadas por el Pueblo, piensan ellos que solo los técnicos y
especialistas son los únicos que lo pueden hacer eficazmente. Esta personas son
inconscientemente autoritarias,
porque la realidad en la que vive el pueblo no se puede decidir en función de
reglas generales y permanentes, como las que se usan para producir bienes o
servicios específicos. Es lógico pensar que la complejidad del mundo global en
el que vivimos, requiere del conocimiento y práctica de las tecnologías de
punta, pero en todos los casos, lo que prima son las aspiraciones, necesidades,
usos y costumbres del Pueblo, que
al final de cuentas, el Bien Común del
Pueblo es la razón principal de la existencia de una sociedad y del Estado.