Una
de las formas de discriminar socialmente a los países, pueblos, familias y
personas es clasificándolos de ricos y
pobres, apenas por los indicadores de
consumo material que tienen, sin considerar las aptitudes y valores histórico culturales de esas entidades.
Como
la gente rica e ilustrada ha perdido su sensibilidad humana, solidaridad y
atención por los más pobres, ha procurado traspasar esa responsabilidad al
Estado a través de un sin número de leyes sociales producto de intensas "luchas
sociales", evitando interactuar, conversar, o interesarse personalmente por las dificultades reales que
tiene la gente pobre, prefiriendo hacerlo con sus perros de raza que crían en
casa en mejores condiciones que sus semejantes empobrecidos. Me pregunto, Quién
merece más de nuestra cariño, solidaridad y atención personal un Ser Humano o
un animal de estimación??
El
resultado de esa transferencia de responsabilidad personal e individual de
atención a nuestros congéneres más
desafortunados hacia un ente impersonal
como es el Estado, trae como consecuencia la aparición de una variedad de programas
sociales, que llegan a ser banderas de
lucha por el poder por parte de los políticos de turno.
Las
grandes masas de la población pobre se
ilusionan con las promesas de ayuda que "recibirán" del Estado por "iniciativa" de los gobernantes, convirtiéndolos en adictos de la caridad pública.
Como el voluminoso presupuesto de la ayuda social del gobierno sirve también
para enriquecer a los administradores de
los programas sociales a través de la corrupción de funcionarios, este nunca
será suficiente y año tras año seguirán esperando de brazos cruzados la llegada
de un nuevo gobernante mesiánico que solucione sus problemas estructurales.
Esta
realidad es fácilmente comprobable a lo largo de todos los años de nuestra
historia republicana y nos invita a repensar
en la actitud que deberíamos adoptar los ciudadanos que conseguimos escapar la línea de pobreza, al no confiar más en el
Estado la solución a la situación de pobreza de la población. Lo que el Estado
debe hacer es articular y viabilizar la infraestructura vital y necesaria para que
toda la población se desarrolle a plenitud, realizando sus actividades socio
económicas en un clima de paz social y armonía. Lo que sí debemos procurar es interesarnos personalmente de los
pobres que están cerca de cada uno de nosotros, conversando, dándoles atención
y cariño o "adoptando" a uno de ellos, quienes muchas veces sólo necesitan de orientación, consejo, calor
humano y esperanzas reales y concretas, para seguir caminando en la vida con
sus propias piernas, porque todos los seres humanos tenemos condiciones físicas
e intelectuales para tener una vida digna. Lo que falta son oportunidades.
Por
otro lado la población más necesitada debe saber bien que el Estado nunca va a conseguir solucionar los problemas personales
de todos ellos. La actitud de esfuerzo personal por mejorar sus condiciones de
educación, trabajo y salud preventiva depende una y exclusivamente de cada
persona, debiendo cambiar su actitud pasiva de esperar y extender la mano a las
dádivas que los políticos de turno prometen y que suelen dar a cuenta gotas para iludirlo, comprar sus votos y consciencia
ciudadana a la hora de las elecciones y así perpetuarse en el poder, ganando el
apoyo de las masas (que es la que decide las elecciones) para hacer lo que les viene
en gana con los fondos públicos, envolviéndose en una serie de actos de corrupción
en perjuicio de lo que realmente debería
hacer el Estado, crear, construir y mantener la infraestructura social y económica
para el desarrollo de la sociedad en su conjunto.
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