Translate

sábado, 14 de mayo de 2016

INTERÉS PERSONAL vs INTERÉS PÚBLICO



      Retomando nuestras indagaciones de ciudadanos comunes y corrientes sobre la buena política después de un buen tiempo. Hoy nos preguntamos cuál es el límite entre el interés personal y el interés público en el quehacer cotidiano de una comunidad. Bien sabemos que en política quienes dirigen los destinos de una sociedad, poquísimos ciudadanos se involucran en política por puro placer o civismo, existiendo de por medio intereses personales a futuro de todo calibre muy bien guardados en lo más íntimo de su ser. 

      Pues bien, aquellas motivaciones más íntimas de las personas que deciden entrar en política activa es el motor que va a impulsar su dedicación y desempeño a lo largo del tiempo dedicado a “servir” a la sociedad. Hasta allí, podemos pensar que eso es normal y natural en el hombre, son sus deseos de superación y eterna insatisfacción. Las motivaciones van desde las más altruistas y sublimes de trabajar por el desarrollo auténtico del pueblo hasta obtener un poder envilecido por la acumulación de ingentes cantidades de dinero sucio proveniente de las arcas públicas, sin llegar a entender que ese dinero público proviene del pago de impuestos  al fisco por los contribuyentes de la comunidad quienes trabajan arduamente para generar esa riqueza y que sirve para que el Estado ofrezca servicios públicos de calidad, una vida digna y segura a los pobladores de esa colectividad.
Muchas veces esos valores que negocian corruptos y corrompidos se revisten de diversos tipos de maquillajes, sea en forma de regalos, ofrendas, viajes, puestos de destaque, inmuebles, carros o dinero vivo entregados en una variedad ingeniosa de envolturas o esquemas.

      Un buen ejemplo de todo estos intereses en juego pueden ser constatados en el más grande esquema de corrupción que está siendo investigado actualmente en el Brasil, la operación “Lava Jato”, de la misma forma como ocurre en casi todos los países del mundo. Las personas involucradas en el esquema en primera instancia lo niegan y finalmente terminan justificándose como que esas artes son lo más normal porque todos los anteriores gobiernos así lo hicieron y no pasó nada. Hábito adquirido que corroe las estructuras morales de una sociedad y la condena al sub desarrollo eterno. Otros que teniendo la función y responsabilidad de control y supervisión de los gastos del tesoro se omiten y dicen no saber nada de nada, considerándose honestos e inmaculados.

      De nada o poco sirven buenos proyectos, programas sociales u obras públicas si de por medio existen esquemas de corrupción. Eso no justifica el daño moral que se le hace a la sociedad. El mal ejemplo arrastra como cadena de barco. Y cuando haya sospecha e indicios de que algo anda mal en un funcionario público, este debe ser separado del cargo inmediatamente, hasta que demuestre lo contrario en una Corte de Justicia. 

      A menudo escuchamos hablar o comentar hasta el cansancio por todos los formadores de opinión que la corrupción es una lacra de la sociedad que debe ser erradicada, investigada y punida. Se observan grandes esfuerzos en llegar a algunos resultados alentadores, pero conforme pasa el tiempo cada día aparecen muchos otros casos de corrupción en diversos niveles y estamentos del aparato estatal. Y la pregunta es, ¿Si ese esfuerzo de la Policía, Ministerio Público y Justicia serán suficientes para erradicar la corrupción?, ¿Dispondremos de suficientes fiscalizadores y prisiones para investigar y punir a toda esa legión de corruptos del país?

      Los políticos, sea cual fuera la ideología o el tipo de proyecto de gobierno que ofrezcan dicen que siempre van a trabajar por el bienestar de la sociedad, que van a reducir la pobreza y apoyar a los más pobres y que buscarán el crecimiento social y económico del país. Su bandera de lucha son los pobres, el nombre de ellos justifica cualquier tipo de desmán que haga el gobernante, sin darse cuenta que al entrar en  esquemas de corrupción, son a los más necesitados que le están quitando las reales posibilidades de salir de la pobreza y alcanzar el desarrollo pleno. 

      Sabemos también, que cuanto mayor el nivel intelectual del actor político, este tiene mayor consciencia de sus actos. Y lo que llama poderosamente la atención es que existen seguidores muy ilustrados e intelectualizados que justifican actos evidentes de corrupción de sus líderes, por el solo hecho de haber implantado programas de ayuda social o de haber reivindicado los derechos de los más necesitados o marginados históricamente. Lo que el Pueblo tiene que aprender a buscar son los motivos o intereses escondidos de esos seguidores de gobiernos corruptos.

      En todos los actos de corrupción generalmente existen dos o tres actores, el político que toma la decisión del gasto público, un intermediario o lobista y el empresario, quien es parte de la sociedad que tiene que sobre valorar sus bienes o servicios para poder repasar las coimas o propinas al funcionario público.

      Entonces, ¿Qué debe de hacer el Pueblo frente a esta situación históricamente endémica en nuestras sociedades? Esa es la gran pregunta que todos los ciudadanos nos hacemos cuando asistimos a diario al circo ridículo de la política en las diferentes organizaciones e instituciones del aparato estatal. Nos referimos aquí al Pueblo y no a los políticos, porque ellos generalmente legislarán en favor de sus más íntimos intereses.
Al tratar de responder a esa pregunta, podemos ensayar varias actitudes que el Pueblo debería incorporar en su pensamiento político. Valorizar el interés público o común sobre el interés personal, es decir el Interés Personal termina donde emerge el Interés Público. Así podremos cultivar el respeto sagrado por la propiedad, las finanzas y los asuntos públicos. Evitar al máximo la reelección de representantes por más buenos que estos sean, la renovación es saludable para la salud de los gobiernos. Mantenerse bien informado sobre lo que sucede en el gobierno local y nacional, participar decididamente en política, porque su bienestar y seguridad depende de los actos de los gobernantes y representantes que elige. Recordar que los gobernantes y representantes son servidores del Pueblo soberano, quien debe exigir la mayor eficiencia y probidad de los actos públicos de sus representantes.

lunes, 2 de febrero de 2015

COMO ACTUALIZAR LA DEMOCRACIA EN LA ERA DE LA INTERNET

Una idea muy importante  e interesantísima de PIA MANCINI (Argentina) que se ajusta a los fines que persigue JATUN RUNA, pueden ver la conferencia en el siguente enlace:
Cuál es tu opinión??  ella es muy importante para la construcción de una nueva ciudadanía del siglo XXI

La transcripción de la conferencia la pueden encontrar en el enlace en diferentes idiomas....aqui la transcripción en español:

Me parece que estamos de acuerdo en que nos movemos hacia un nuevo modelo de Estado y sociedad. Pero no tenemos la menor idea de qué es eso o qué debería ser. Parece que necesitamos tener una conversación acerca de lo que es la democracia en nuestros días y nuestra época. Pensemos en ello de la siguiente forma: Somos ciudadanos del siglo 21 haciendo lo mejor que podemos para interactuar con instituciones diseñadas en el siglo 19 basadas en tecnologías de la información del siglo 15. Démosle un vistazo a algunas características del sistema. Para empezar, está diseñado para una tecnología de la información de hace más de 500 años. Y el mejor sistema que se podría diseñar para algo así es uno en el que sólo unos pocos toman decisiones diarias en nombre de la mayoría y la mayoría puede votar una vez cada dos años. En segundo lugar, los costos de la participación en este sistema son tremendamente altos. O bien se tiene mucha plata e influencias, o se le dedica la vida completa a la política. Uno tiene que convertirse en miembro de un partido y lentamente empezar a labrarse el camino para llegar, tal vez, algún día, a ocupar un puesto en una mesa en la que se tomen decisiones. Finalmente, aunque no menos importante, el lenguaje del sistema es increiblemente críptico. Está hecho por abogados, para abogados y nadie más lo puede entender. Es un sistema en el que podemos elegir nuestras autoridades, pero se nos deja totalmente excluídos del proceso que estas autoridades usan para tomar sus decisiones. Y entonces, en una época en que las tecnologías de la información nos permiten participar en cualquier conversación global, en que las barreras de la información han sido completamente superadas y podemos, más que nunca antes, expresar nuestros deseos y preocupaciones, nuestro sistema político es el mismo de los últimos 200 años y todavía espera que nos conformemos con ser simplemente receptores pasivos de un monólogo. Y entonces, no es ninguna sorpresa que este tipo de sistema sólo pueda producir dos tipos de resultado: silencio o ruido. Silencio en el sentido de tener ciudadanos que no se involucran, que simplemente no quieren participar. Hay este lugar común que a mí, en verdad, me disgusta, que es la creencia de que nosotros, los ciudadanos, somos apáticos por naturaleza, que le huimos al compromiso. Pero, ¿realmente puede culpársenos por no avalanzarnos hacia la oportunidad de ir al centro de la ciudad, a mitad de la jornada laboral para asistir, físicamente, a una audiencia pública que no tendrá ningún impacto sobre nuestras vidas? El conflicto es inevitable entre un sistema que ya no nos representa ni tiene ninguna capacidad de diálogo, y ciudadanos que se acostumbran cada vez más a representarse a sí mismos. Y luego está el ruido: Chile, Argentina, Brasil, México, Italia, Francia, España, Estados Unidos, son todas democracias. Los ciudadanos tienen acceso a las urnas. Pero ellos todavía sienten la necesidad de tomar las calles para ser escuchados. Parece que el eslogan del siglo 18 que dio pie a la formación de nuestras democracias modernas, "No hay impuestos sin representación", puede ahora actualizarse a "No hay representación sin conversación". Queremos nuestro lugar en la mesa. Y con toda razón. Pero para ser parte de esta conversación, necesitamos saber qué hacer a continuación porque la acción política es ser capaz de pasar de la agitación a la construcción. Mi generación ha sido increíblemente buena usando las nuevas redes y tecnologías para organizar protestas, protestas que fueron capaces de imponer agendas, revertir legislación extremadamente perjudicial y hasta derrocar gobiernos autoritarios. Y tenemos que estar inmensamente orgullosos de ello. Pero también tenemos que admitir que no hemos sido muy buenos en usar esas mismas redes y tecnologías para articular con éxito una alternativa a lo que estamos viendo y para llegar a los consensos y construir las alianzas que se necesitan para lograrlo. Y el riesgo que enfrentamos es que podemos crear enormes vacíos de poder que rápidamente serán llenados por gobiernos de facto como los militares o grupos ya organizados y altamente motivados que por lo general se encuentran en los extremos. Pero nuestra democracia no es sólo un asunto de votar una vez cada dos años. Y tampoco es la capacidad para reunir a millones en las calles. La pregunta que quisiera plantear aquí y que, en realidad, creo que es la más importante que debemos responder, es: ¿Si Internet es la nueva imprenta, qué es entonces la democracia para la era de Internet? ¿Qué instituciones necesitamos construir para la sociedad del siglo 21? No tengo la respuesta, por si acaso. No creo que nadie la tenga. Pero, en verdad, creo que no podemos seguir ignorando más está pregunta. Y entonces, me gustaría compartir con Uds. nuestra experiencia y lo que hemos aprendido hasta ahora, aportar nuestro granito de arena a esta conversación. Hace dos años, con un grupo de amigos de Argentina, nos empezamos a preguntar, "¿cómo hacer que nuestros representantes, nuestros representantes electos, efectivamente nos representen?" Marshall McLuhan alguna vez dijo que la política es resolver los problemas de hoy con las herramientas de ayer. La pregunta que nos motivó fue: ¿podemos resolver algunos de los problemas actuales con herramientas que usamos en nuestras vidas todos los días? Nuestro primer paso fue diseñar y desarrollar un programa llamado DemocracyOS. DemocracyOS es una plataforma web de código abierto diseñada para servir de puente entre ciudadanos y representantes electos y hacer más fácil que participemos desde nuestras vidas cotidianas. En primer lugar, allí usted puede informarse, porque cada nuevo proyecto que se introduce en el Congreso es traducido y explicado inmediatamente en lenguaje sencillo en esta plataforma. Pero, todos sabemos que el cambio social no va a ser el resultado solo de tener más información, sino de hacer algo con ella. El acceso a una mejor información debería conducir a una conversación acerca de lo que haremos luego, y DemocracyOS nos permite hacer eso. Porque sabemos que la democracia no es sólo asunto de apilar preferencias una encima de otra sino que un debate público, robusto y sano debería ser nuevamente uno de sus valores fundamentales. Entonces, DemocracyOS es acerca de persuadir y ser persuadido. Tiene que ver tanto con alcanzar consensos como con encontrar una forma apropiada para canalizar nuestro desacuerdo. Y finalmente, usted puede votar cómo le gustaría que votara su representante electo. Y si no se siente cómodo votando por un asunto determinado, siempre podrá delegar su voto en alguien más, dando lugar a un liderazgo social dinámico y emergente. Y se volvió muy fácil para nosotros comparar estos resultados con la forma en la que nuestros representantes estaban votando en el congreso. Pero, también se volvió muy evidente que la tecnología no iba a ser suficiente. Lo que necesitabamos era encontrar a los actores capaces de tomar este conocimiento distribuido en la sociedad y de usarlo para tomar decisiones mejores y más justas. Así que fuimos con los partidos políticos tradicionales y les ofrecimos DemocracyOS. Dijimos, "Miren, esta es una plataforma que Uds. pueden usar para construir una conversación de doble vía con sus electores". ¡Y sí, fracasamos! ¡Fracasamos en grande! Nos mandaron a jugar afuera, como si fuéramos niños. Entre otras cosas, nos llamaron ingenuos. Y tengo que ser honesta: en retrospectiva, creo que lo fuimos. Porque los desafíos que enfrentamos no son tecnológicos, sino culturales. Los partidos políticos nunca han querido cambiar la forma en que toman las decisiones. Y entonces se hizo algo obvio que si queríamos ir a algún lado con esta idea, necesitábamos hacerlo nosotros mismos. Y entonces realizamos un salto de fe, y en agosto del año pasado fundamos nuestro propio partido político. El partido de la Red en la ciudad de Buenos Aires. Y en un salto de fe todavía mayor, nos postulamos a elecciones en octubre del año pasado con la siguiente idea: Si ganamos una silla en el Congreso, nuestro candidato, nuestro representante, iba siempre a votar de acuerdo con lo que los ciudadanos decidieran en DemocracyOS. Todo proyecto que se introdujera en el Congreso, lo íbamos a votar de acuerdo con lo que los ciudadanos decidieran en la plataforma en línea. Era nuestra forma de hackear el sistema político. Entendimos que si queríamos volvernos parte de la conversación, tener un puesto en la mesa, debíamos volvernos actores válidos, y la única forma de hacer eso era jugando con las reglas del sistema. Estábamos hackeando en el sentido de que estabamos cambiando radicalmente la forma en que un partido político toma sus decisiones. Por primera vez, estábamos tomando las decisiones junto con aquellos a quienes afectábamos directamente con esas decisiones. Era una jugada arriesgada para un partido con dos meses de fundado en la ciudad de Buenos Aires. Pero captó la atención. Obtuvimos 22.000 votos, 1.2 por ciento de los votos, y fuimos la segunda opción a nivel local. Y aunque eso no haya sido suficiente para ganar un puesto en el Congreso, lo fue para convertirnos en parte de la conversación, al punto de que el próximo mes el Congreso, como institución, estará lanzando por primera vez en la historia de Argentina, un DemocracyOS para discutir con los ciudadanos tres proyectos de ley: dos relacionados con el transporte urbano y uno más con el espacio público. Nuestros representantes electos, no están gritando, claro está, "Sí, vamos a votar de acuerdo con lo que los ciudadanos decidan", pero están dispuestos a intentarlo. Ellos están deseosos de abrir un espacio nuevo al compromiso ciudadano y con suerte, ellos van a querer escucharlos también. Nuestro sistema político se puede transformar, y no con subversión o destrucción, sino rediseñándolo con herramientas que Intenet nos ofrece hoy por hoy. Pero el desafió real es encontrar, diseñar, crear, empoderar los conectores que pueden innovar, transformar ruido y silencio en señal, y finalmente traer nuestras democracias al siglo 21. No digo que sea fácil. Pero, por experiencia, sé que tenemos una verdadera oportunidad de hacer que funcione. Y en mi corazón, sé que definitivamente, vale la pena intentarlo. Gracias. (Aplausos)

jueves, 8 de enero de 2015

DESESPERANZA EN LA POLÍTICA



      A diario leemos, vemos o escuchamos las noticias sobre la situación política actual de nuestros países, los hechos son tan lesivos e indignos que generan un sentimiento generalizado de desilusión, desesperanza e podredumbre. Mucha gente ya es insensible a los diversos y variados esquemas de corrupción que se tejen a diario en todos los niveles y estamentos de la administración pública. 

      Los periodistas cumplen su misión de informar, opinar y hasta proponer sugerencias para acabar con ese tipo de hechos. Muchos ciudadanos leen, opinan, discuten pasivamente y repasan las noticias y comentarios utilizando las redes sociales, sin alcanzar mayores resultados. Pero existen tantos, tantos casos de corrupción sistemática, que los anteriores pierden muy rápidamente vigencia y  atención  de la prensa y población. Y así, pasamos a ser simples espectadores permanentes de un circo con nuevos casos de corrupción que en su mayoría no son sancionados. Si no, veamos la cantidad de casos de escándalo de los gobiernos anteriores. Se abren mega comisiones de investigación en el Congreso que terminan en "pizza", como dicen los brasileños, es decir en nada. Así nadie más confía en las autoridades. No hay capacidad moral y ética en las instituciones y funcionarios públicos para corregir las cosas.

      De esta forma, "tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe", que nos parece que todos esos escándalos generalizados forman parte de la normalidad, "así será, pues....., que podemos hacer???". La respuesta que aflora en el fondo de nuestros corazones es NADA. Y como nadie, ni algún organismo del propio Estado, (sea ejecutivo, legislativo o judicial) tiene eficacia y poder real para acabar con estos escándalos, lo que nos resta es pensar que al parecer  estamos camino a una oclocracia. Y que es esto?? se preguntarán....Es el abrupto camino que sigue una sociedad democrática que pierde o abdica del control que debe ejercer sobre las grandes masas (están incluidos los políticos) de gente irracional, inconsciente e ignorante que actúan  en contra de los principios y valores con los que se constituyó nuestra sociedad digna, pacífica, honesta y trabajadora. 

      La magnitud y frecuencia de los acontecimientos generalizados de violencia delictiva, que genera la corrupción sobre las grandes mayorías de la población poco a poco conducen a que el delito sea justificado en la consciencia de cada persona, como la cosa más normal. Pensar que, si todo el mundo lo hace, porqué yo no puedo hacerlo?, Entonces todo este estado de cosas nos conduce a avizorar que la OCLOCRACIA es el próximo sistema de ingobernabilidad, donde  el Gobierno tiránico y corrupto  se hace de la vista gorda y trata de legitimar la forma de actuar también deshonesta y violenta de la "plebe o muchedumbre".  Estas mayorías incultas serán quienes marcarán el ritmo del qué hacer y cómo hacer las cosas en nuestra sociedad. Cuando cunde el pánico y el desorden, no hay como salir de esa situación, solo esperar una guerra civil o la actuación providencial de un Hombre que actué con rigor monárquico. Hay algunos ejemplos a lo largo de la historia de algunas sociedades que han llegado  a desvirtuar la democracia. Vale la pena investigar y leer al respecto, es muy duro.

      Por tanto, este es un asunto muy serio, que TODA la sociedad debería reflexionar y en base a ello conversar, cambiar de ideas y concientizar a los suyos, sobre la necesidad de estudiar, conocer y tomar a serio la política para que los ciudadanos sepan actuar participativamente en una sociedad libre, pacífica  y democrática, donde debe reinar el supremo respeto a la Carta Constituyente y a los intereses y objetivos públicos que siempre deben estar  sobre los intereses y ambiciones individuales o particulares. Donde los que se aprovechan del cargo público encomendado o confiado por el Pueblo para enriquecerse, sean severamente castigados por la Ley e impedidos de por vida a ocupar cargos públicos por deshonrar la soberanía del Pueblo organizado, educado y culto.

jueves, 13 de noviembre de 2014

¿ES POSIBLE LA IGUALDAD ENTRE LOS CIUDADANOS?



      Los grandes intelectuales de todas las épocas de la historia de la humanidad, han reflexionado profundamente, discutido y escrito en extenso sobre el tema de la Igualdad entre los seres humanos. Ya se ha dicho de todo, desde que existen personas enviadas por divinidades, personas iluminadas, nobles de sangre azul, gente blanca con trazos arios, gente superior, etc. que están por encima de las grandes masas del pueblo, del vulgo, hasta  teorías utópicas que ofrecen el paraíso terrenal, donde todos somos iguales.

      Hemos tenido que pasar por una penosa y violenta evolución de ideas a lo largo de varios siglos y vemos que aún existen marcadas diferencias en la forma de interpretar lo que realmente es la igualdad entre los seres humanos. Esta  eterna discusión ha dado lugar al nacimiento de ideologías de todos los calibres, y con el pretexto de alcanzar esa igualdad, las diferencias socio económicas se han profundizado aún más, llevando a sus pueblos a la miseria generalizada.

      Si observamos el mundo que nos rodea, la naturaleza, podemos darnos cuenta fácilmente que no existe igualdad entre ningún ente que hace parte de la naturaleza. Cada hoja es diferente a la otra a pesar de que son parte de la misma planta aunque en apariencia sean iguales. Vea con detenimiento, puede usar una lupa y constate por sí mismo la desigualdad del universo.

      Lo que tratamos de levantar en este espacio, de forma práctica y desapasionada es que las personas nos demos cuenta que es casi imposible tratar, tentar que las personas se desarrollen iguales, menos aún las comunidades o sociedades. La configuración de un ser humano es tan compleja que no conseguimos ni imaginar cómo podría ser una personas igual a otra. Hasta los niños mellizos conforme van creciendo se tornan diferentes. Basado en estas constataciones practicas, podemos decir sin temor a equivocaciones que la Igualdad de las personas en el contexto de una sociedad plural es una utopía.

      Cuando aprendemos a aceptar  conscientemente el concepto de desigualdad innata entre los seres humanos, vamos a estar vacunados contra las promesas de igualdad de políticos profesionales y que en nombre de alcanzar esa supuesta maravilla, terminan atropellando nuestro derecho fundamental de libertad e iniciativa de escoger el mejor camino a seguir en la vida.

      No debemos de confundir la interpretación de derecho que tiene la igualdad,  es decir que cuando se crea un Estado de derecho, este sí tiene la obligación de  ofrecer igualdad de derechos, obligaciones, oportunidades y condiciones estructurales públicas para el desarrollo a todos sus ciudadanos sin distinciones de ninguna naturaleza. De esta manera todos los hombres iniciamos la carrera de la vida en igualdad de facultades y condiciones materiales básicas, pero que al final de las diferentes etapas de la vida, cada uno irá conquistando por su propio esfuerzo  una posición socio económica diferente.

      A cada paso que demos en cualquier ciudad del planeta podemos observar ejemplos de cómo se desenvuelven las personas en el día a día, todas son diferentes en vestido,  color de  piel, credo,  gustos, poder económico,  profesión, diversiones  etc. Nada nos hará iguales. Lo que sí debe preocuparnos es por asumir  la  responsabilidad personal de cuidar de nuestro propio desarrollo integral, para poder convivir con dignidad y en paz con nuestros semejantes y no esperar que el Estado sea el eterno proveedor de la limosna pública, que ello no nos saca de la pobreza; nos torna adictos y dependientes de los programas sociales del Estado. 

      Para disminuir las grandes diferencias  existentes entre las clases sociales de nuestro país, cada uno de los ciudadanos tenemos que esforzarnos en nuestra capacitación, trabajar, crear riqueza, aprovechar las oportunidades de educación y trabajo existentes en la sociedad. Es la única forma de salir de la pobreza. Tampoco debemos de seguir buscando culpables históricos como: gamonales ricos, colonizadores,  gobiernos de siglos atrás y tantos otros culpados de nuestra realidad. Nuestra sociedad actual la estamos forjando hoy, con lo que hacemos y dejamos de hacer en estos momentos. Por ello es muy importante que todos los ciudadanos tomemos consciencia de nuestro rol fundamental de ciudadanos y participemos efectivamente con conocimiento de causa en la política cotidiana de nuestra sociedad, para no seguir entregando un cheque en blanco a los gobernantes a la hora de elegirlos y después nos olvidamos de pedir cuentas de sus actos públicos.