En la búsqueda continua de ese desarrollo y perfeccionamiento de la sociedad democrática, donde el Pueblo es el principal protagonista y el fin supremo de cualquier organización humana, se requiere cada vez más de la participación de todos y cada uno de los ciudadanos.
En las bibliotecas y ahora en el cyber-espacio existe una inmensa cantidad de literatura política, donde los intelectuales entendidos en filosofía y ciencias políticas discuten sobre la conveniencia o no de una participación más directa del Pueblo en la toma de decisiones sobre los asuntos públicos del poder político y que le afectan directamente, porque las leyes concebidas y aprobadas por los representante elegidos van a tener que ser cumplidas por el propio Pueblo.
Los que de alguna manera muestran escepticismo en el funcionamiento de una sociedad plenamente democrática, alegan que el pueblo no está preparado para gobernarse a sí mismo. Hay quienes creen que el Estado debe someterse a una tecnocracia donde los técnicos (sociólogos, juristas, militares, economistas etc.) manejen la compleja realidad como un laboratorio de pruebas; otros creen que los partidos políticos son los únicos que pueden traducir las necesidades del pueblo en propuestas de gobierno y otros aún creen en la necesidad de un caudillo mesiánico que solucione todos los problemas de una vez y rápido, reivindicando al pueblo de su actual estado de subdesarrollo.
Debe quedar muy claro que la humanidad en la actualidad dispone de una invalorable cantidad y calidad de información y conocimientos acumulados a lo largo de su historia y que pueden ser muy útiles para la toma de mejores decisiones que garanticen el desarrollo armónico y la solución de los problemas más endémicos. Ejemplos positivos de esas iniciativas ya se están dando en los EEUU, donde al pueblo se le está dando la oportunidad de participar en la solución de serios problemas burocráticos del Estado (ver Oficina de patentes USA). ¿Quién mejor que el propio pueblo puede conocer mejor su propia realidad? Las grandes soluciones están en el propio pueblo, porque son ellos mismo quienes van a colocar en práctica las decisiones y leyes aprobadas.
Cuando cualquier ciudadano observa y analiza históricamente el comportamiento del Pueblo en nuestras sociedades latino americanas, nos damos cuenta fácilmente de la poquísima participación del pueblo en la toma de decisiones que políticamente lo afectan. Aprendimos a recordarnos del tema político solo en el tiempo de elecciones y luego de votar nos vamos a casa y nos olvidamos de lo que suceda. Solo cuando suben los precios o alguna ley nos afecta, salimos a protestar y reclamar. En los hogares, escuelas y en el barrio poco se aprende sobre política y participación ciudadana, aún no conseguimos entender de que si no discutimos y tomamos las riendas de nuestro propio destino en nuestras manos, son “otros” los que nos seguirán gobernando indefinidamente de acuerdo a sus propios intereses y nuestros graves problemas seguirán creando infelicidad y desconfianza en el sistema democrático.
Es por ello, que no desmayaré en tratar de convencer al Pueblo, en la necesidad urgente de envolverse en las formas de política participativa, donde las opiniones y discusiones sobre temas de interés colectivo fluyan naturalmente, dando el debido valor al respeto por las diferencias de opinión y al consenso como fuente inapelable de decisión colectiva sobre lo que conviene o no para el grupo humano o la sociedad en general.
Insisto en que ha llegado el momento histórico más oportuno para difundir y entrar a la acción en el tema de Participación Ciudadana, de esta forma poder reivindicar el protagonismo y soberanía del Pueblo en el contrato social, donde el Pueblo encomienda a sus representantes la administración del Estado con el único propósito de velar por la paz, desarrollo y bienestar del Pueblo.
Las nuevas tecnologías digitales de información y comunicaciones ahora sí permiten la educación cívica política del Pueblo en forma masiva, estrechando grandes distancias y lugares de difícil acceso; de tal forma que todos y cada uno de los ciudadanos asuman su responsabilidad y obligación de participar en los asuntos públicos de su comunidad, y así ser el autor de su propio destino. El ciudadano que no participa entrega su futuro a las manos de otros personajes ajenos y se convierte en un mero habitante más de la ciudad o comunidad donde vive. Una nueva visión constructivista de educación cívica política debe estar al alcance de los niños, para que aprendan desde pequeños el rol importante que deben cumplir como ciudadanos, los valores solidarios que se aprecian en la sociedad y la participación activa en todos los asuntos políticos de interés del Pueblo.
Amigos, los exhorto a tomar este asunto más en serio, pasar de las teorías a la práctica, al estudio constructivo, demostrar interés por lo que sucede en nuestra realidad, facilitar y valorizar la cohesión y solidaridad del pueblo, porque de nuestra actitud actual va a depender el futuro de nuestros hijos, nietos y la permanencia en el tiempo de nuestra identidad como Nación en medio de una cultura solidaria de paz, prosperidad y orgullo de haber nacido en esta hermosa tierra del sol.
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